El mundo no ha sido amable con el neoliberalismo, esa caja de sorpresas de las ideas que se basa en la noción fundamentalista de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos con eficiencia y sirven bien al interés público. Este fundamentalismo del mercado estuvo detrás del thatcherismo, la reaganomía y el denominado “consenso de Washington”, todos ellos a favor de la privatización, de la liberalización y de los bancos centrales independientes y preocupados exclusivamente por la inflación.
Durante un cuarto de siglo, los países en vías de desarrollo han estado en pugna, y está claro quiénes son los perdedores: aquellos que siguieron políticas neoliberales no sólo han perdido la lotería del crecimiento, sino que cuando esos países crecían, los beneficios iban a parar desproporcionadamente a las clases más altas.
Aunque los neoliberales no quieren admitirlo, su ideología también ha fracasado en otra prueba. Nadie puede afirmar que los mercados financieros hicieran un trabajo estelar en la asignación de recursos a finales de la década de 1990, cuando un 97% de las inversiones en fibra óptica necesitaron años para ver la luz. Pero al menos ese error tuvo una ventaja inesperada: con la bajada de los costes de la comunicación, India y China se integraron más en la economía mundial.
Pero es difícil ver muchas ventajas en la enorme e inadecuada asignación de recursos al sector de la vivienda. Las casas construidas recientemente para familias que no podían pagarlas se están deteriorando a medida que millones de estas familias se ven obligadas a dejar su hogar y sólo quedan en pie las fachadas. En algunas comunidades el Gobierno ha tomado por fin cartas en el asunto y está retirando los restos. En otras, la destrucción se extiende. De modo que incluso aquellos que han sido ciudadanos modelo, endeudándose con prudencia y manteniendo sus casas, descubren ahora que los mercados han hecho que disminuya el valor de su vivienda más allá de las peores pesadillas.
Artículo de El País.
30 Julio 2008 at 14:22
Bueno, viendo que Stiglitz firma el artículo (uno de los mejores economistas de nuestro tiempo), se hace difícil no estar de acuerdo con él.
Sin embargo discrepo de lo que has resaltado. Más allá de la anécdota de la vivienda, lo importante del artículo es que el Neoliberalismo da a la empresa el papel principal, obligando a los demás a tratarla como a un semidios. Ese es el gran mal. El otro punto a destacar es cuando resalta que los especuladores tienen la culpa, y que todos somos especuladores.
Aplicando eso al caso de la vivienda tenemos que los responsables de la burbuja inmobiliaria no son las grandes empresas que construyeron a destajo (que no dejan de tener culpa) sino los individuos que compraron con desesperación, estirando más el brazo que la manga con la excusa de que en el peor de los casos iban a sacar más dinero por la casa que el que habían pagado. Estos inversores aficionados desconocen algo que las empresas dominan a la perfección: la Economía tiene ciclos.
30 Julio 2008 at 18:00
Como bien dices, el Neoliberalismo da a la empresa el papel principal, erigiéndose como semidios. Pero aun es peor, porque esconde sus verdaderas intenciones en una nube de humo, anunciándose en los medios como la gran alternativa al comunismo y la socialdemocracia, como estandarte de la libertad. Pero eso funcionó hasta los 90. Ahora no hay comunistas a los que darles caña, y es ridículo que en todo el mundo los libertarians digan defender la democracia y la libertad, más que nada porque eso ya lo dicen todos los partidos. El mundo conoce cada vez más las mentiras del neoliberalismo, y la vivienda será una anécdota,pero un también un ejemplo clarísimo. Tal como dices, se ha practicado un neoliberalismo doméstico, de nuevos miniricos que no han calculado las consecuencias y ha echado sus ahorros al trash.
Pero vamos, que tampoco hay que ser Stiglitz para visionar el batacazo. La vivienda tuvo su momento y sanseacabó.