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Una señora de rostro afilado y gafas de diseño lee con atención un papel. Es un bosquejo rápido de palabras. Son siete u ochos líneas a pluma. Cuando sus ojos tocan el último punto comienza de nuevo. Así cinco veces. El hombre que se sienta frente a ella espera. Impaciente pero templado. Está acostumbrado a perseverar.
–¿Qué te parece?
–A mí me parece bién, pero tú eres el jefe.
–No me jodas.
–Te digo que me parece bien, pero no es cosa mía. Esto tiene poco que ver con Hacienda.
–Pero tú eres la jurista, Idoia.
–¿Esto es legal?
–Esta vez sí lo es. No tienen cómo pillarnos. No es vinculante.
–Eso es lo de menos –la consejera alza las pestañas, inquieta–. Nos joderán por otro sitio, Juan José. Sabes que no nos dejarán sacar esto adelante. Sienta precedente.
–Veo que no lo entiendes.
–Pues no.
El silencio impregna cada rincón de la Lehendakaritza. Ella es lista, pero no tanto. Vuelve sus ojos al borrador con las dos preguntas de marras y alza el rostro.
–Pretendes que esto llegue al Constitucional –agrega Idoia, atónita–. Si atraviesas la línea son capaces de aplicar el 155.
El Lehendakari toma el papel que ella le devuelve. Lo dobla tres veces y se lo guarda.
–Por supuesto que son capaces.

¿Ha pensado alguna vez qué habría ocurrido en España tras la Guerra Civil si hubiera ganado la República? laSexta, en un documental de ficción, le ayuda a imaginarse la situación con todo lujo de detalles.

Franco murió en Nicaragua, donde permanece enterrado. En el año 2000, Gran Bretaña devolvió Gibraltar a España. Hitler y sus tropas tomaron España y marcharon por Madrid. En la Casa de Campo hay un cementerio de víctimas del bando aliado en la II Guerra Mundial. Serrat representó a España en Eurovisión 1968 cantando ‘La, la, lá’ en catalán. Juan Carlos de Borbón es el presidente del Comité Olímpico Internacional. Aznar y Zapatero cohabitan en Moncloa como presidente de la República y jefe de Gabinete, respectivamente”.

Ésta es la sinopsis del documental realizado por La Sexta. Si le convence, podrá verlo en sus pantallas el próximo 13 de abril, por la noche, en horario estelar, de la mano de la periodista Mamen Mendizábal.

Mas…

En pleno silencio de madrugada, el timbre de un teléfono ruge como la sirena del Queen Mary antes de abandonar Southampton. El de Mariano suena a bote hundido, a cascajo intermitente, pero igual de perverso. De un zarpazo arranca el aparato de la mesa, maldiciendo entre dientes.
–Diga.
–¿Mariano?
–Al aparato, diga.
–Soy Adolfo.
Se frota los ojos, perplejo. Enciende una lámpara y se incorpora. No sabe qué decir. A decir verdad, era la última persona de la que hubiera esperado una llamada. Le dan ganas de volver a colgar, pero está de campaña y tiene que ser amable.
–Joder, Adolfo. Cuánto tiempo. ¿Qué haces llamando a estas horas? ¿Te ha ocurrido algo?
–Nada bueno, Mariano. De mi hijo no saco carrera, la corona española peligra, el centro ha desaparecido definitivamente y la actual oposición es de pena. No puedo conciliar el sueño, así que te he llamado para desvelarte y que te solidarices conmigo, ya que en parte eres responsable de todo esto.
–Te comprendo y aprecio –miente Mariano–, pero también podrías joder el sueño al presidente. Él también tiene algo de culpa.
–¿Y con quién crees que he estado hablando las últimas tres horas? Al final he tenido que colgarle. Ese hombre habla tan despacio que el coste euro/palabra no me sale a cuenta. Es más barato llamarte a ti.
–Pues ya que gastas dame algún consejo, que la campaña está muy crispada. Y José Luis dice que la quiere tensionar más.
–Haz propuestas inteligentes para solucionar problemas reales, como las que hice con el CDS. Quita la mili, bájate el sueldo, prohíbe los guiones de Mariano Ozores, indemniza a los de la colza, ficha a Mario Conde.
–Oye, que la mili la quitó Aznar hace mucho tiempo.
–Pues reinstáurala de nuevo y di que es una conquista del pueblo.
Mariano se despega el auricular de la oreja y lo mira extrañado. Negro, brillante y redondo. Hace años que no ve algo igual. Se lo vuelve a pegar a la oreja y alza la voz.
–Pero ¿tú no estabas enfermo, no sufrías algún tipo de demencia?
–Pues claro que sí. ¿Acaso crees que te iba a llamar en realidad? Esto es un jodido sueño. Le has callado la boca a Aznar para no seguir perdiendo intención de voto. Me manda tu conciencia. Los ex presidentes se ayudan mucho entre sí. Ya lo verás cuando seas uno.
–Pues no tengo ganas de seguir hablando con un sueño. Mañana tengo mucho trabajo.
–No te molesto más, Mariano. Te dejo, que tengo un billar con Felipe. Saluda a los niños.

Siguiendo el hilo de la hegemonía del III Reich, hoy especulamos cómo hubiera sido el mundo si los nazis hubieran ganado la guerra. Fantástico compendio de documentales ficticios alojados en El País, preludio del juego Turning Point Fall of Liberty.

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RAJOY
Te calles, coño, y déjame terminar.
Mira, tú sabes que no voy a ganar, ¿no?

GALLARDÓN
Mariano, yo tengo confianza plena
en tu capacidad de liderazgo y…

RAJOY
Mira que eres pesado. Que no voy a ganar,
leches, y punto. Y cuando pierda, lo que
necesitamos es un líder fuerte, alguien
que barra a ese macuquero de Zapatero
y coloque a la derecha en el lugar
que España necesita, que es ahí bien arriba….

El Guionista Hastiado hace un ejercicio de polificción sobre cierto incidente de la semana pasada.

………..La séptima planta de Génova 13 es una superficie pulida y perfecta de penumbras livianas. La señora de la limpieza saca su mejor brillo y los últimos encorbatados hacen equilibrio sobre el mármol cual aves zancudas. Casi todos los despachos están vacíos y oscuros. Bajo la última lámpara brillan leves canas bajo cuatro últimas sillas, y sobre ellas los cuatro últimos culos de cuatro individuos, uno de ellos el último hombre.
………..-Aquí hay un ofrecimiento público para ir en las listas al Congreso por Madrid y otro privado.
………..Alberto se queda mudo. Observa a Esperanza con gesto duro. La rubia lo ha maquinado desde hace meses, pero se ha callado como una puta. Ángel juega con el Bic roído y Mariano capta las miradas sanguinolentas de sus dos compañeros. Alza la voz, jodido.
………..-Estoy harto de vuestros enfrentamientos. A dos meses de las elecciones esto no se puede tolerar, tenemos que arreglarlo.
………..-Presidente, yo he obtenido un resultado extraordinario en Madrid. Llevo 16 años de mayorías absolutas ininterrumpidas. Creo que puedo aportarle mucho al partido y a ti si te acompaño en las listas. Creo que es bueno para todos y por eso te lo he pedido.
…………-Si es por resultados –interrumpe Esperanza, tensando el cuello-, yo he sacado los mejores de toda la historia del PP de Madrid en las últimas elecciones. Como sabéis, hemos ganado hasta en Pinto, y en otros pueblos donde la izquierda siempre había sido mayoritaria. Si se trata de ir en la lista para ayudarte a ti y al partido a arrastrar votos, yo me apunto. Creo que deberíamos quedarnos los dos en nuestros puestos, pero si creéis que es bueno que vayamos en las listas, estoy dispuesta.
…………Alberto encaja el gancho, aunque con sudor. Va a castigarle el hígado. No es la primera vez. Lo grave es que los demás lo saben.
…………-Esto es una trampa, una encerrona.
…………-Muy bien, habéis explicado vuestra posición –dice Mariano, al fin-. Yo creo que, como dice Esperanza, lo mejor que podéis hacer los dos es quedaros en vuestros puestos. Es lo mejor para el partido.
…………-No puede ser. No me podéis hacer esto –Alberto alza la voz y arquea las cejas blancas-. Llevo 30 años en este partido, ayudé a fundarlo, me he dejado la vida y nunca he pedido nada. Es la primera vez que lo hago, era mi ilusión –Mariano le observa atónito, nunca le había visto encolerizado. Alberto se percata y baja el volumen-. Mariano, tú has tomado tu decisión. Y yo la mía. Después del nueve de marzo dejaré la política. No quiero hacer daño al partido, pero no puedo seguir así. Sólo te prometo una cosa. Para evitar hacer daño a tu campaña, no haré pública mi decisión hasta después de las elecciones.
…………-Vamos a tranquilizarnos –resucita Ángel-. Tenemos que pactar una explicación de lo que está pasando aquí, hay que contárselo a la gente para que lo entienda. Tenemos que decir que estamos todos de acuerdo en esta solución de que nadie vaya en las listas.
…………-A mí me parece bien la decisión que has tomado, y quiero decirlo, Mariano -interrumpe Esperanza.
…………Alberto desearía levantarse de la mesa y clavar el Bic roído de Ángel en el ojo estrábico de Esperanza. Pero prefiere respirar hondo y regresar con Marimar al teatro. Aquella marca de dos siglas que él inventara le da la espalda y queda robusta y firme como roble centenario. Él queda sumido bajo su raíces convertido en estiércol de segunda. Se levanta de la silla, coge su carpeta y se da el piro.
…………-Yo no estoy de acuerdo, es evidente. No se puede pactar nada. Mejor lo dejamos .

–¿Cómo ha ido la cosa?
–Regular, Alfredo.
José Luis cambia el teléfono móvil de mano y se pega morrazos en el hombro con la contraria. Hace un frío que congela los mocos.
–Nunca usas el móvil.
–Estaba preocupado. ¿Cómo ha caído la noticia?
–El Vidal te ha puesto vestío de limpio.
–Pero si también se ha reunido con Aznar.
–A ese también lo ha puesto vestío de limpio.
Sonsoles espera en el vestidor. José Luis la saluda con la mano helada, mandándola a la cama. Él desea hablar a solas y no desea tener cerca al personal del palacio.
–No se han ido hasta casi las once. Yo me caía de sueño. Al final lo de siempre, petróleo a cambio de manteca. Brufau y Bricio se han mojado, saben que no hay riesgos. El discurso de la democracia se lo ha pasado por los cojones.
–Ya no te vuelvo a escribir nada. Vaya con el moro.
Se va la cobertura. José Luis sube tres escalones del recibidor de la Moncloa. Se tapa un oído con un dedo y aprieta el móvil con el otro. A esa altura el frío arrecia, pero vuelve a escuchar el susurro místico de Alfredo.
–¿Ya se ha ido a la jaima esa?
–Pero si duerme en el mismo Pardo. No pensarías que iría a dormir bajo lona. Se le hubieran helado los huevos.
–José Luis, a ese no lo hiela ni una borrasca siberiana. Ha degollado un cordero en la jaima. Así, por las buenas.
–Te dejo, que estoy muerto. Espero que mañana el día sea más amable.
–Tienes lo del aborto. Ya esta enviado a la prensa.
–¿Quieres matarme? ¿Por qué no has esperado a mañana?
–Javier e Ignacio necesitaban un titular fuerte. Lo del moro pierde fuelle.
–Dile a Maribel que prepare algo bueno mañana para la prensa. Ella ha levantado la liebre y deberá dar la cara. Dile a tu secretaria que nos reserve luego en el sitio ese que tanto habla, llevo varios días comiendo cordero. ¿Alfredo? ¿Alfredo? ¿Me oyes? Cagondios.

–Esto es una putada.
Eduardo toma una aceituna y pega un sorbo al Protos. Susurra acercando la cara a su compañero, buscando confesión diputalina. Éste ni hace caso, alzando el dedo derecho en busca de una San Miguel helada.
–Una putada.
El compañero lo observa, airado. Bebe con avidez y se limpia la espuma de la barba.
–Mira que se lo dije. No es momento.
–No te hagas el loco, Mariano, que ya lo temíamos desde el año pasado.
–Ya, ya. No te me subas, coño.
–Es que es muy grave. Nos joden las elecciones.
–Qué me vas a contar. Ya más no podemos hacer.
Saludan a un conocido policía de paisano, que ya termina su jornada y abandona el bar. Más allá del extremo de la barra, en lo infinito del espacio ideológico, Alfredo les hace una señal con la mano, como diciendo que paga la ronda. Como casi cada miércoles.
–Este Jose es un gilipollas. Con lo buena que siempre ha estado ella, y mira en quien se fija.
–Buena y centrada, Mariano. A ver ahora cómo vendemos un divorcio. Nos lo pudimos permitir con Paco, que era un bala perdida. Pero Ana es un mirlo blanco. Sin ella se acabó el conservadurismo familiar. Al menos aquí, en Madrid.
–No te preocupes más, que todo está atado. Con la amenaza de Jose todas las cadenas se han acojonado. Hasta el tomate. Después de marzo ya hablaremos. Entonces podrán hacer lo que les de la gana, como los duques de Lugo.
–Me he permitido decirle a Jose que se pele. Se nota mucho que se deja la melenita para impresionar a la nueva.
–No le digas ni una palabra, cojones. Lo de la melena se lo sugirió Ana.
El bar del congreso se queda vacío, como el ala derecha de la cama blanca. Eduardo imagina cuán vacíos se pueden quedar el corazón y el lecho de un hombre. Vacíos de calor y afecto, pero sobre todo de las cachas de Ana.
–Qué putada, Mariano.