Continuamos nuestro peregrinar por las bravías y vírgenes playas de esta nuestra Hispania zapateril. Acabo de regresar de una breve visita familiar a las tierras donde John Waine se hizo un hombre: Almería. Esa tierra maravillosa y desértica del sudeste español. Allí podemos disfrutar de la belleza del Cabo de Gata, famoso por la canción de Pepe Da Rosa, pero también por su condición de Parque Natural.

Sus playas, vírgenes, de arena limpia y pedrusco rodao, tienen el agua más cristalina de todo el litoral español. Lástima que allí no sople el mismo Levante que en Cádiz, para así barrer del mapa a tanto desalmao.

La localidad de Carboneras, sita en Cabo de Gata, dispone de varias playas que todo fiel de Neptuno debe visitar al menos una vez en su vida. Entre ellas la playa de Los Muertos, de difícil acceso y nombre chungo, pero de un líquido elemento que hacer honor a su bondad de incoloro. Ha sido considerada recientemente Reserva de la Biosfera.

Carboneras, y en concreto su ayuntamiento, es también famoso por animar y permitir la construcción en pleno parque natural de un hotel que bien podrían nombrarlo Vandellós III a tenor de su forma. Esta es la playa del Algarrobico.

Afortunadamente la Junta de Andalucía va a comprar la finca del hotel para proceder a su demolición, y rectificar así una defensa que ha ejercido durante años. Este milagro no sucederá en El Palmar, en Cádiz, comentado hace unos días, donde sí que el Resort previsto para construir va viento en popa.