“… hoy tenemos un día claro por lo que podrán observar la isla de Lanzarote en toda su longitud…”

Obedientemente aparté la mirada de una de las últimas páginas de Juego de Tronos, y me uní al resto de viajeros que afanosamente trataban de asomarse a las ventanillas del Airbus que nos traía de vuelta a la península.

Pero lo que atrajo mi atención no fue Lanzarote ni el reflejo del sol en la superficie del atlántico… fueron una serie de manchitas blancas sobre fondo azul.

Y no pude evitar pensar que en esas manchas irían embarcadas ilusiones, esperanzas, ansias de llegar a un futuro (no mejor ni peor, simplemente un futuro), y me acordé de toda la gente que se ha visto oblgada a emigrar para optar a un puesto de trabajo o para luchar por sus sueños.

Quizá esas manchitas eran simplemente olas, rocas o algún yate… pero en la cabeza me venía constantemente la sensación de que justo debajo de mis pies había gente luchando por sobrevivir, con poca agua y comida, con un motor que apestaba a gasolina, rezando porque un pesquero o una patrullera no se les cruzara en su camino y pudieran tocar tierra.

“…pues hemos tenido suerte con el tiempo. A la izquierda podrán ver en unos minutos el cabo de San Vicente, extremo sudoeste de la península ibérica…”

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