DonManué envió al portuense Joaquín a jugar en el Albacete una temporada, contra su voluntad. Y Joaquín no rechistó, cogió el coche y se encajó en la tranquila ciudad manchega. Se hizo fotos en el ayuntamiento, en la puerta de las oficinas del club, en el restaurante, compró queso, vino… y volvió por la tarde ante la llamada de DonManué, que le dijo que ya no hacía falta. Los medios hacían sangre contra el presidente del Betis, y ensalzaban la pose de mártir del jugador. Sí, el mismo que gana millones de euros al año y firma contratos de imagen para eludir pagar impuestos.

Leí la noticia y pensé que o Joaquín es gilipollas, o había gato encerrado en el asunto este de la repentina cesión al Albacete. Y descubrí que se cumplían las dos premisas. “Los jugadores del Betis deben por contrato ir cedidos donde el club desee”. ¿Por qué entonces esa defensa tan desaforada de los “derechos del trabajador” por parte de todos los medios? ¿Por qué nos quieren meter constantemente el gol, nunca mejor dicho, de que los futbolistas son como cualquiera de nosotros que apenas pasamos de los mil euros y que para poder aspirar a comprarnos un piso debemos hacerlo compartiendo la carga con otra persona?

“Empatía con el personaje”, creo que la llaman. Pues desde mi punto de vista, se la pueden meter por donde les quepa. Y Joaquinito, la próxima vez te lees la letra pequeña.