El Tratado de No Proliferación Nuclear vuelve a la palestra de la mano del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad. Estados Unidos le pretende disuadir de su intención de fabricar uranio enriquecido para fines pacíficos, pero éste no se baja del burro. Y es que dicho tratado se atiene a unos criterios que pretenden ser morales, humanitarios y dogmáticos, pero sólo lo pretenden. Cinco países cinco son los que tienen permitido construir armas nucleares: USA, Rusia, Francia, Reino Unido y China. Así, por las buenas. Esto nos sitúa en una controversia de dimensiones megatonianas. ¿Preferimos que una oligarquía superviviente de la segunda guerra mundial siga teniendo en la palma de la mano el destino de 6 mil millones de personas, o defendemos el libre albedrío y el derecho de cualquier país a defenderse como plazca?. Mirando hacia atrás, recordando las barbaridades del gobierno nazi, se nos eriza el vello pensando que dicha tecnología pueda caer en manos de otros majaderos similares, sean morunos o sefarditas. Hay gobiernos y gobiernos. Y el nazi, por cierto, fue designado en legal democracia. Así que virgencita, que me quede como estaba.

Pues resulta que esta violación reiterativa y tenaz del NPT, que tan lejano y exótico se nos antoja, nos es más familiar de lo que podamos pensar. España no siempre fue una chica buena. Similitudes no faltan con los desobedientes iraníes, pakistaníes, indios, coreanos o israelíes, que también se saltan a la torera el Tratado. Francisco Franco también soñó con su Little Boy.

En 1963 comenzó a mover los hilos para convertir a nuestra magnánima patria en una potencia nuclear. Pero nuestro inventores no pasaron del chupachups y la fregona, y el proyecto inicialmente fue un fracaso. Franco no tenía ni idea de cómo hacer funcionar semejante bicho. La luz llegó cual comic futurista. Como en Terminator II, donde diseñan el maligno Skynet gracias a una pequeña pieza hecha trizas encontrada en la primera entrega, durante el esperpéntico baño de Fraga en Palomares se encontraron piezas de tecnología reveladora, y los sabios del Caudillo vieron la luz y continuaron su labor. Increíble como la vida misma. La de Franco, vamos.

El Generalísimo continuó investigando al margen de la legalidad internacional. España se resistía a firmar el Tratado de No Proliferación. Las pruebas, por supuesto, en el Sahara Español. Hasta 1981 Estados Unidos no consiguió que España cediera. Detuvo su intención de elaborar la bomba atómica, aunque en aquel entonces ya dispusiera de tecnología suficiente para elaborar uranio enriquecido de capacidad destructora.

A ver si se creían ustedes que éramos unos santos.