Sábado noche. Hoy he decidido quedarme en casita para tomarme un descanso del propio descanso. Cambio los amigos, los paseos y las copas por una noche loca de sofá y televisión. Yo todavía pienso que estoy a principios de los ochenta, de chiquetito, cuando la noche del sábado en televisión prometía a raudales pese a haber tan solo dos cadenas. Pero me encuentro este panorama:

La Primera: El Coro de la cárcel. Una apuesta arriesgada. La contraprogramación alternativa. El reality de las abuelas cultas. Admirable y loable. Pero es sábado ¿recuerdan? Un poco de diversión, por Dios.

La 2: Documentos TV. Cuatro hermanos, los Banu, han dejado su país natal, Rumania, para vivir en España. Son inmigrantes ilegales y no tienen empleos estables…uf uf uf. Cómo está la noche de lacrimógena. Podemos esperar unos minutos, pero luego nos espera el documental aniversario sobre el 11-S. Esto sí que es disfrutar, señores.

Antena 3, Cine: Una pandilla de altura. Calvin se encuentra un par de viejas deportivas y, cuando se las calza, se da cuenta de que se ha transformado milagrosamente en una estrella del baloncesto. Qué curioso. A mí me enseñaron que las doce de la noche no es buena hora para que los niños estén despiertos. Aunque sea sábado.

Cuatro: Las Vegas. Cada vez se me hace más insufrible el James Caan y este despilfarro ficticio de dinero en casinos.

Telecinco: Dolce vita. Sin comentarios.

La 6ª: Fumbol, que no me gusta. Atleti-Valecia. Por mí como si fuera Hercules-Numancia.

Y por fin, al final de todos los números, la cadena local de mi amado pueblo. Calidad pésima de imagen y sonido. Nieve, logos y corte publicitarios tercermundistas. Pero dan una peli. Nada menos que La Leyenda del indomable, con Paul Newman. Impresionante obra maestra, entretenida, entrañable, valiente. Con la famosa escena de la apuesta por comerse 50 huevos en una hora.

Qué maravilla. Vuelven los sábados de los ochenta. Esto sí que es televisión.

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