18 septiembre 2006


Siempre me ha hecho gracia oir declaraciones de Caruana. A mi vertiente friki, más exactamente. Eso de declararse abierta y convencidamente británico con acento cerrado gaditano me parece de lo más pintoresco con lo que se puede uno tropezar hoy en día al seguir los medios de comunicación. Si no fuera porque habla acerca de estatutos, derechos o nacionalidades pasaría por dueño de una zapatería de la calle Ancha de Cádiz.

¡Viva er té de las sinco!

La cuestión es que hoy parece que se llega a un acuerdo histórico en las relaciones hispánico-británicas en referencia al siempre polémico tema de la soberanía del peñón. Se le van a mejorar las telecomunicaciones, el tránsito de la verja y se ha llegado a un acuerdo sobre el uso del aeropuerto. Por lo que los miles y miles de empresas que “curiosamente” declaran en el peñón están de enhorabuena.

Y sobre todo es la primera vez que se le deja a Caruana, primer ministro de Gibraltar, participar en las negociaciones. Le supongo pletórico, tantos años de lucha empiezan a dar su fruto.

Ya me lo estoy imaginando: “Mary, si marca er Cadi me da un toque ar movi que a esa hora tomo er té en la Moncloa”.

Son tres, y solo tres, las personas que han condicionado el discurso político de un presidente del gobierno. Han logrado que se aventure a conjeturar la existencia de una nueva extrema derecha, un revisionismo histórico y un cuestionamiento del resultado electoral. Esas tres personas no son estadistas, ni líderes mundiales, ni eminentes ideólogos. Ni siquiera son políticos. Uno es un histérico exmilitante del PCE, otro un creacionista convencido y el tercero un terrorista arrepentido.