Son tres, y solo tres, las personas que han condicionado el discurso político de un presidente del gobierno. Han logrado que se aventure a conjeturar la existencia de una nueva extrema derecha, un revisionismo histórico y un cuestionamiento del resultado electoral. Esas tres personas no son estadistas, ni líderes mundiales, ni eminentes ideólogos. Ni siquiera son políticos. Uno es un histérico exmilitante del PCE, otro un creacionista convencido y el tercero un terrorista arrepentido.

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