A este tamaño y escándalo inserta esta editorial su publicidad en publicaciones como Libertad Digital o Época. El banner animado, lejos de producir la huída de los progres y el alabo de los neocon, lo que provoca es una tristeza de doble vertiente. La primera es la poca o nula materia gris de los creativos, incluso el mismo perfil para los destinatarios del mensaje. Quizá el mensaje, en el actual contexto político, intenta parecer atractivo, subversivo y fresco. Y es que ir contra el sistema actual, empapado de lo que dicen llamarse progre, da siempre resultado. Para comprobar lo ridículo del slogan basta con trasladarlo a una situcación idéntica, pero de signo político contrario. “Si eres facha no hagas click aqui, lo que vas a encontrar no te va a gustar nada, nada”. Lo pienso y no me atrae en absoluto. Vamos, que denunciaría al creativo de turno. La segunda vertiente de tristeza viene ligada a los propios lectores. Cuan triste es la vida del aspirante a cultureta de uno de los dos bandos que pretende forjarse a costa de los libros que les imponen. Porque es eso. Imposición. O acaso soy de aqui o de allá por leer más o menos historia española, por conocer un ensayo de Locke, Friedman, Marx o el papa. Valiente mancha de catetos.

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