No es la primera vez que existe más de una ETA. Ya desde su fundación en los 50, escisión marxista del PNV, fueron varias las corrientes que luego evolucionaron hacia fracturas de facto. Las tres primeras fueron las famosas vasquista, obrerista y de liberación nacional. Fueron los afines al movimiento obrero, similar a las organizaciones clandestinas que surgían en toda España, las que se desligan de ETA en los 60, haciéndose llamar ETA Berri, convirtiéndose luego en una organización comunista que forma parte hoy de Izquierda Unida. En los 70, con el asesinato de Carrero Blanco, otra corriente obrerista se escindió para dedicarse al discurso comunista sin medios violentos. ETA llegó a la transición dividida en dos organizaciones claramente diferenciadas:  ETA Militar y ETA Político-Militar. La segunda fue la que eligió la vía del diálogo y abandonó las armas, integrándose en Euskadiko Ezquerra, luego fusionada con PSE. Curiosamente el bando que sí continuó atentando, ETAm, era una minoría, en comparación con ETApm. Esto tiene una fácil explicación. La organización terrorista heredada de los tiempos del Cuéntame era una mezcla heterogénea de pasiones y odios hacia el sistema establecido. Marxismo, maoísmo, nacionalismo, antifranquismo, anticolonialismo africano. La mayor parte de los postulados que justificaban la vía de la sangre se quedaron sin argumentos con la llegada de la democracia. Fue necesario aquel punto de inflexión para despertar a la realidad a los menos violentos y apartarlos de su particular delirio. La conmoción social que suscita la llegada de una democracia no puede igualarse con cualquier convulsión actual. Pero aún así, el continuo goteo de manifestaciones, protestas y voces en alto de la sociedad puede hacer mella. Y de hecho la hace cuando sabemos que Tres encapuchados de ETA defienden en un acto seguir la ‘lucha con las armas en la mano’ mientras es bien sabido que el gobierno negociará en breve con la cúpula terrorista. Es evidente que ETA vuelve a romperse, aunque ahora no se muera ningún Franco. Al fin y al cabo no es mala fórmula. Puede que se divida infinitamente hasta quedar reducido a la singularidad más absoluta. Como un GRAPO asaltaviejas con tan solo tres pistoleros.