Señores de la SGAE: he dejado a un amigo un libro que se llama “El Retorno de los Dragones”, de Margaret Weis y Tracy Hickman. Es un libro que forma parte de las Crónicas de la Dragonlance, una de esas series de libros en las que aparecen elfos, enanos y dragones. Se lo leyó en un par de meses, no le gustó mucho y me ha reconocido que no se lo va a comprar.Por otra parte este mismo amigo me dejó la película “El Último Mohicano”, que me gustó mucho. Pero no pagué nada por verla, y no pienso comprarme el DVD porque no me gustó tanto.He de reconocer que en mi primer año de facultad me compré un juego de ordenador, llamado “Resident Evil 2”, una maravilla con la que disfruté pasando miedo. Tras pasármelo, se lo dejé a, al menos, 7 personas más. Todas se pasaron el juego, disfrutando al menos tanto como yo con él. Ninguna se lo compró tras pasárselo.

Todos estos reconocimientos vienen a cuento de conocer su doctrina según la cual el intercambio de ficheros en Internet (el sistema P2P, entre ellos el famoso E-mule) es algo perverso por permitir a mucha gente disfrutar de obras con derechos de autor no pagando por ello. Dicen ustedes que el que disfrute una película o un videojuego debe hacerlo porque ha pagado por ello, que compartir videojuegos o películas o música sin pagar hace que los artistas creadores pierdan dinero, y que en la práctica se les está robando.

Lo he pensado, y creo que, aunque los casos antes mencionados eran intercambios físicos, el efecto es el mismo que describen. He dejado muchísimos videojuegos a amigos y compañeros de estudios y trabajo, muchos con tan poco éxito que las personas a las que les había dejado no lo compraron después de jugar con ellos y pasárselos. Así mismo me han dejado muchísimos libros, comics, películas y discos que tras leerlos, verlos y escucharlos no he comprado. 

Lea el texto completo de Raúl Sánchez