Cójase un irreverente cómico inglés, una remota república ex-soviética, y a un puñado de norteamericanos puritanos, judíos, adolescentes descerebrados o fanáticos seguidores de un telepredicador. ¿Qué se obtiene? Pues … Borat. Sacha Baron Cohen se mete en el papel del reportero kazajo y se dedica a recorrer los Estados Unidos filmando sus encuentros con todo tipo de personajes.

Anoche la ví y uno, que ya se creía curado de espantos, no esperaba verse apabullado por tal desbarre y sátira concentrados en hora y media de película. Sin duda, la comedia del año. Por lo visto en Kazajstán no se lo han tomado demasiado bien, pero francamente a mi juicio los estadounidenses salen mucho peor parados.

Abténganse personas con prejuicios o sin sentido del humor. El resto, vayan y ríanse.

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