Ahora resulta que lo que siempre habían pregonado los medios en el rollete futbolero, ese binomio esperpéntico de fútbol y superstición propio del cono sur americano, peligra como la integridad de la madre patria. A Ratzinger no le basta con desafiar a Darwin y pretende una profanación de dimensiones mesiánicas arrebatando al Pelusa su condición sacra. Dios ya no estará del lado de los argentinos. Los fetiches de la brujería brasileña caerán abatidos por la ira de Dios. El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, propone crear un equipo de fútbol para el estado pontificio que pueda estar a la altura de los grandes clubes de la serie A italiana. Esto, si me lo permiten, es trampa. Ya de nada me vale poner velas a Santa Leocadia cada dos años. El mundial es de Benedicto. Me recuerda a otro vacile vaticano, ese que preconiza la infalibilidad del Papa. Como si no se le pudiera escapar una quiniela. ¿Jugarán los curas con sotana, a lo Almodóvar? Si bien es un derecho justo, ya que Vaticano es un estado, bien podrían aprovechar el tirón y pujar por un equipo que poco entienda de maniobras financieras ni desfalcos hispanos. Vamos, que lo aplique como ejemplo de disciplina y esfuerzo. Promocionando a jóvenes e barrios marginales, cual ONG futbolística. Da igual que sean torpes. Dios guiará esos piecitos de pobre hacia la victoria.