Hoy nos hemos despedido de nuestros trabajos hasta el próximo martes, que volveremos hartos de suegra, gambas y champán barato. Y saltan los graciosos de turno. ¿Y tú qué celebras, listo? Laico y aséptico. Impermeable a los aguaceros de tradición y consumismo que desbordan avenidas y centros comerciales. Sí, sí. Tú. Saben qué, les digo. Saben. Las cosas de ser celta, fenicio, romano y medio moro. No le hago el feo al solsticio de invierno porque es una fiesta muy digna, antigua y justificada. Los días son más largos y eso merece más de tres borracheras. O quién soy yo para borrar el 25 del solsticio romano en calendario juliano, ellos que ese día se hacían regalos y liberaban esclavos. Ellos que hicieron de la fiesta del Sol Invencible el nacimiento de Jesús para ponerle la tarea fácil al papa Julio I. Por eso llegan estas fechas y suelto la cerveza, más de verano, para endiñarle al rioja. Si es que no tengo nada de bárbaro. Qué le voy a hacer si soy romano.

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