Atención a la esperpéntica historia del BMW que usaba la alcaldesa de Marbella:

El coche fue sustraído en Francia a su legítimo propietario, que denunció el robo y cobró la indemnización de la compañía de seguros, que pasó a ser la titular del turismo. El todoterreno acabó en Sevilla, donde un hombre lo adquirió de segunda mano por un precio estipulado en 30.000 euros en septiembre de 2001. El comprador abonó 12.000 euros, quedando pendiente el resto a la entrega de la documentación del mismo. Pero ya no volvió a saber nada del vendedor.

El comprador, al no tener papeles del turismo, decidió comunicar el asunto a la Guardia Civil de Sevilla, que le informó de que el coche era robado y tenía placas de matrícula falsas. No obstante, se lo entregaron para que lo utilizara en calidad de depositario, aunque sin posibilidad de venderlo. Paralelamente, la compañía aseguradora supo que el coche estaba en manos de este individuo y lo reclamó mediante una demanda civil presentada en un juzgado de primera instancia de Sevilla, que reconoció su propiedad.

Entre tanto, el depositario del coche, que pagó 12.000 euros por él, se lo prestó a un amigo -según el informe policial- que fue sorprendido conduciendo bajo los efectos del alcohol en Marbella. Una patrulla municipal lo intervino y lo llevó al depósito.

A la Jefatura de la Policía Local acudieron tres personas distintas a reclamar el vehículo: el comprador estafado, el amigo que lo perdió y el representante de la aseguradora.

Al final, los implicados se enteraron por los medios de comunicación de que el BMW X5 lo estaba utilizando la alcaldesa, y que fue intervenido por la policía en la primera fase de la operación Malaya.

Una vez más, la realidad supera a la ficción.

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