Es lo bueno de convertirse en gurú de la revelación universal del hombre. Como Platón desde su alegórica caverna, Jam Montoya nos hace partícipes de esta verdad incuestionable. Menos mal que el Partido Popular de Extremadura ha expandido la obra de este artista a los cuatro vientos como el polvo radiactivo de Chernobyl. Gracias a ellos ya se que las tías buenas también cagan. Qué importa que estemos a mes y medio de las elecciones municipales cuando las fotos son de 1997. Qué importa que Ibarra se haya disculpado o que el gobierno Popular subvencionara en 2003 la feria ARCO, donde Montoya exhibía, del mismo modos, sus curas y monjas con vulvas al aire y falos erectos. Entonces nadie protestó. Pero claro, no había elecciones. Yo, puestos a elegir al escándalo, prefiero las tribulaciones del Padre Damián. ¿Qué es más condenable? ¿El mal gusto? ¿La blasfemia? ¿La manipulación política? ¿El arte pretencioso? Elijan.

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