Otra vez se adueñan de ella. Como cada 19 de marzo, los populares, libremente en su condición de partido político democrático pero errados en calidad de revisionistas, celebran el aniversario de la aprobación de la Pepa, la Constitución de 1812, prototipo de posteriores textos garantes de nuestra libertad.

Por poner un ejemplo, hoy en Cádiz el Club Liberal 1812 entregará sus premios 1812 y Libertad a Rodrigo Rato y Antonio Fontán, respectivamente. Al primero ya lo conocen. El segundo es un reputado periodista y ex senador de Suárez, monárquico, liberal y del Opus Dei. Otros años estos premios han ido a Eduardo Zaplana, Esperanza Aguirre o Pedro J. Ramírez, defensores acérrimos de la libertad, como ya sabemos.

¿Cómo permite año tras año el resto de partidos este delirio? Los liberales de 1812, forjadores de aquella magnífica constitución, no tienen NADA en común con el Partido Popular. Mejor dicho, tienen en común lo MISMO que el resto de partidos: que son democráticos y se atienen al sistema de libertades y división de poderes que nos dejaron en herencia los revolucionarios y filósofos franceses. El Partido Popular no es heredero de Montesquieu, precursor de la división de poderes, por mucho que Aznar se llenara con él la boca. El PP se enmarca en la muy respetable Internacional Demócrata Cristiana, como asientan sus estatutos. No sé si sabrán que la Iglesia prohibió todos los libros de Montesquieu. Otros liberales de la época, como Locke o Hume, fueron claros precursores del pensamiento laico.

No tiene sentido trasladar la casuística política de 1812 a nuestros días. En aquellos tiempos liberal era lo opuesto a absolutista. No existían las izquierdas y derechas como hoy las conocemos. El liberalismo económico pregonado por la actual derecha española se acompaña de un conservadurismo social equiparable, entiéndanme el contexto, al sistema de sociedad estamental de hace dos siglos. El mismo que intentó erradicar La Pepa. Tanto la derecha como la izquierda actual se basan en una democracia liberal, la que inspiró la Ilustración europea, la Revolución francesa, el Siglo de las luces, el empirismo, el racionalismo, la pluralidad y la tolerancia. No tiene absolutamente nada que ver con la tradición, fe o dogma judeocristiano, al cual le hacían cerco los librepensadores de hace dos siglos. Todo lo contrario, el cristianismo fue, durante siglos, el garante de las monarquías absolutas. Dios inspiraba el poder del rey. Fueron estos señores ilustrados los que se opusieron a este sistema absolutista, dando paso a la razón. Y hasta donde llega mi conocimiento, los populares no son, precisamente, enemigos del sistema monárquico. Defienden, eso sí, su carácter parlamentario, pero jamás apoyarían una república.

Señores políticos, por favor, pónganse de acuerdo para celebrar de manera conjunta el aniversario de la primera Constitución Española. Será la única manera de evitar, en el futuro, la manipulación y el revisionismo histórico.

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