Por fin viernes. Para todos aquellos cuyo nivel de crispación en la sangre haya superado esta semana los 10 mg/l que desaconseja la OMS, aquí deposito un manjar para los oídos. Por una cabeza, el magnífico tango que inmortalizara Carlos Gardel, revolotea entre los decorados de Hollywood con una frecuencia pasmosa. Sin ir más lejos, a la memoria me vienen el famoso baile de Al Pacino en Esencia de mujer, el nefasto pisar de huevos de Schwarzenegger en Mentiras arriesgadas y el fondo musical durante los primeros minutos de La lista de Schindler.