Verdadero despojo de serie z con voluntad oportunista, habiendo sido producida el mismo año que la adaptación cinematográfica de la infumable novela de Dan Brown El código Da Vinci. Si no son capaces de imaginar el horror indescriptible de ver las dos películas en sesión continua y sólo tienen oportunidad de torturarse la existencia con esta vulgar imitación, tengan en cuenta que no sólo espanta su desvergonzada naturaleza, sino la apabullante mediocridad del resultado.

Los acérrimos del boicot a Prisa están de suerte. Ayer se libraron de semejante esperpento. Dando juego a una inexplicable y pseudoprogre alternativa a la cinta de Mel Gibson en Antena 3 y a las eternas saetas en las locales, Cuatro dejó a un lado la calidad habitual y nos regaló un telefilme que le sigue el rollo al truño Da Vinci, precedido por un documental basado en una posible paternidad y matrimonio de Jesús. Todo giró, por supuesto, en torno a la obra de Dan Brown. Extrañamente, Íker Jiménez no presentó la noche temática.

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