Si dimos bombo para lo bueno, es justo que denunciemos lo malo. Hoy se cumplen 184 años del desembarco en España de los Cien Mil hijos de San Luis, un ejército francés cuyo propósito era apoyar a Fernando VII en la recuperación del absolutismo. La libertad que propugnara La Pepa de 1812 se mantuvo en vigor tan solo durante dos cortos periodos. El primero de 1812 a 1814. El teniente coronel Riego la recuperó posteriormente mediante pronunciamiento en 1820 y se mantuvo en vigor otros tres años. En total cinco años de libertad que Fernando VII tiró por la borda. La Constitución fue derogada en el número 74 de la calle Larga de El Puerto de Santa María. Rafael de Riego, como no podía ser de otra manera, acabó ahorcado. Se suprimieron la división de poderes, la igualdad ante la ley y la libertad de prensa. Se paralizaron los procesos llevados a cabo para debilitar a la Iglesia: abolición del diezmo, supresión de la Inquisición, desamortización de los bienes de las órdenes religiosas (todavía seguirán diciendo los populares que ellos son los herederos de aquellos liberales). La libertad es así de efímera. Pensamos que la tenemos hoy y que perdurará para siempre. Dichosos somos de vivir esta etapa política única tras tres mil años de sometimientos y luchas en la Península.

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