Es necesario que los sacerdotes sean conscientes de que nunca deben ponerse ellos mismos o sus opiniones en el primer plano de su ministerio, sino a Jesucristo. Todo intento de ponerse a sí mismos como protagonistas de la acción litúrgica contradice la identidad sacerdotal. 

Mal que parezca, estas palabras son de Ratzinger puestas en boca de Rouco Varela. No se crean que van dirigidas a aquellos sacerdotes que, domingo tras domingo, arrojan la nueva asignatura de EpC al foso de los leones. Tampoco son para aquellos curas que niegan la comunión a los divorciados o a los que mal utilizan las homilías para recomendar el voto. Son puyas lacerantes contra los sacerdotes de San Carlos Borromeo y su peculiar, cercana y certera forma de celebrar la misa. No utilizar pan ácimo en la misa ha sido considerado por Rouco como injuria, profanación, abuso y grave atentado. Al parecer aquello que no es más que una convención tradicional llevada al derecho canónico, sin rastro en los mandamientos, es una aberración de dimensiones universales. Ríase usted del preservativo contra el sida, la condena a sacerdotes pederastas y la guerra de Irak. Después dirán que el atentado es no señalar la X de la declaración de la renta. Líbranos, señó.

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