Tres o cuatro pinchazos al día (uno antes de cada comida), más de mil pinchazos al año. A veces en el brazo, otras en el muslo, en la barriga, …

Es el drama de ser diabético, depender de las medidas de la glucemia y de la jeringuilla que suple lo que el pancreas no quiere darte. Pero por fín empiezan a cambiar las cosas… llega la insulina inhalada.

Lejos quedan aquellos  tiempos de algodón, alcohol y jeringuilla en el bolso, de huidas discretas al baño del bar o restaurante… ¡felicidades!

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