Imaginemos un país cuyos ciudadanos se vieran obligados a velar por su seguridad de manera privada. Un tanto a lo que ocurre en el País Vasco con los ediles amenazados por ETA que tienen a su servicio a uno o dos escoltas. Imagínense que estos señores tuvieran que costearse de su bolsillo cada escolta. Nada de subvenciones, ni ayudas de tal o cual partido. Subamos un nivel. Imagínese que la Policía, la Guardia Civil y los bomberos prestaran sus servicios bajos relaciones contractuales con cada ciudadano. El estado se ahorraría unas buenas rupias si obligara a cada españolito a cargar con su propia póliza tamaño carné donde justifique que se encuentra al día en pagos por salvaguarda de pellejo. Habría empresas dedicadas a ofrecer un mejor o peor servicio de picoleto. Pack Oro o Platinum. Subamos otro nivel. Nos invade un país extranjero. Yo qué sé, los descendientes de los moriscos que vuelven para cagarse en los descendientes de Felipe III, por ejemplo. Invaden tu casa y tu huerto, pero la legión sólo acude si previamente has contratado sus servicios. Hay una oferta especial de navidad, cabra incluida. Si hiciste la derrama especial de primavera, tienes derecho a asistencia en alta mar del Príncipe de Asturias, por si los moriscos entran por Algeciras y te hunden el yate
Hay un país al otro lado del atlántico que lleva esta práctica a cabo. Las amenazas a tu integridad física se aseguran mediante empresas privadas. Pero estas amenazas no son de terroristas, ni de ejércitos, ni delincuentes comunes, aunque constituyen un adversario feroz para toda la nación. Son la rubéola, la sífilis, el cáncer, la leucemia. Esta nación, basándose en los postulados thatcherianos más rancios, opina que la seguridad nacional es lo único que no puede privatizarse. Un precepto liberal falaz. ¿Acaso no es seguridad nacional defender de manera común la salud de todos los ciudadanos? Ah, espera. Resulta que invadir países reporta muchos beneficios, pero invadir cepas de VIH no da un duro, y menos si es regalado, como hacen esos locos europeos, pagándoles el médico a todo Cristo. Hasta a los inmigrantes le ponen dentista y a los maricones le hacen gratis el cambio de sexo. Serán desgraciados, dirán de nosotros los yankis. O quizá no digan ni eso. Quizás hasta ahora, gracias a Michael Moore, no conocían el modo en que los europeos nos aseguramos el pellejo: pagando impuestos y defendiendo al débil, que para eso se inventó la jodida palabra estado. Vean Sicko y luego me cuentan.

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