Lo repetitivo aburre y lo terco hastía. Rajoy siempre ha sido, es y será mejor orador que Zapatero, pero mal encuentro tuvo aquella boquita de piñón con el guión de los señores asesores liberales-conservadores-centristas-patrios. Si ZP ha dicho que metió la patita el 29-D y que siente muy mucho que se le hayan torcido los planes con los etarras, ese frente está perdido. Pedir cinco veces unas actas de reunión que, de existir, sólo saldrían a la luz en versión novelada y con el Vázquez-Montalbán de turno mediante, es una somera mamarrachada. Sería como pedirle al rey las anotaciones del 23-F.
Zapatero llevaba la lección bien aprendida. Oportunista fue ofrecer los 2.500 pelotes por churumbel, como también citar el excelentísimo estado de las variables macroeconómicas, esas que decide Nasdaq y no el Ibex. Cabe decir que, sobre lo primero, Zapatero se quita de un plumazo a los jartibles de la familia, el Opus y haztever. Porque para mí que fundar familia y tener hijos es como comparar el hambre con las ganas de comer. Acertado sí que estuvo en citar las mejoras sociales. Porque son una verdad, sólo comparables al bienio reformista de Azaña. Zapa salió y le comió el coco a España argumentando mejoras, Rajoy replicó con el Líbano, la Ley de Memoria histórica, el Estatut y, como no, ETA. Zapatero salió de nuevo y las toreó, más que nada porque era fácil torearlas. En el tintero le quedó al barbas la inquietud liberal europea, sustituyéndola por más erre que erre con ETA. Este no se da cuenta que, pese a lo grave del tema, la vida sigue, y hay muchos españoles que quieren que su gobierno trabaje. Y como dijo el presi, trabajar no es rajar, Rajoy, que no haces más que rajar.

Anuncios