Quizá conozca la famosa lista de centros educativos que proponen quitar de su programa para el próximo curso la asignatura estrella en el debate sobre el Estado de la Nación, la tan nombrada Educación para la Ciudadanía. Zapatero sacó un libro de texto en pleno debate para retar a Rajoy. Al parecer el jefe de la oposición, que es capaz de hacer polémica hasta con el Micho 1, rajaba de la asignatura sin conocer demasiado la materia.
Pues bien, resulta que uno de esos institutos, quizá ahora el más famoso, lleva semanas en el candelero a expensas de la asignatura de marras. En el I.E.S Javier de Uriarte, en Cádiz, el colectivo de padres que pretende objetar montó un tenderete en el patio para captar acólitos. La directora, muy amablemente, les exhortó a hacerlo en la puerta del instituto, fuera del recinto, ya que consideraba que dicha propaganda contravenía la ley. Estos padres, más liberales que Canovas, han puesto el grito en el cielo y prosiguen con su andadura en pos de la nada.
Es curioso que en toda la provincia de Cádiz sea éste el único centro cuyos padres se han rebelado contra la asignatura. Curiosamente, no sucede lo mismo con los colegios religiosos, que ya han confirmado que impartirán la asignatura acercándola a postulados cristianos. Ni siquiera los dos centros propiedad del Opus Dei se han montado en este ridículo carro. La verdad es que Javier de Uriarte no es un instituto público al uso. Es decir, es lo menos público en centros educativos públicos que pueda conocerse. Y puedo hablar de ello porque vivo a cinco minutos en coche y conozco a padres del centro. Quizá al leer estas noticias el curioso lector desconozca que Javier de Uriarte, aparte de ser el único colegio con nombre de militar famoso, se ubica en la Base naval de Rota y durante años su principal cometido ha sido prestar servicio educativo a la comunidad militar del poblado naval. Esta singularidad se ha pervertido con el tiempo, haciendo de Javier de Uriarte un instituto completamente público, pero que establece prioridad de admisión a alumnos “militares” en detrimento de los “civiles”, dejando al margen parámetros de coherencia, como la proximidad al lugar o el número de hermanos en el centro. Y es este elitismo contra natura, esta particularidad anacrónica, la que camina estrechamente con la voz que se alza contra el gobierno en defensa de la libertad del niño, que no deja de ser más que otra maniobra política para desprestigiar a Zapatero. En vez de hacer oposición por las vías del raciocinio, enfrentándose al gobierno con argumentos y cifras.

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