En conclusión, podemos decir, sin duda alguna, que Dios ha hecho la sexualidad para una completa y total culminación del amor entre esposa y esposo que se materializa en el acto sexual matrimonial y llega a su máxima plenitud en el nacimiento de una criatura, que nace con el fin de convertise en hijo de Dios; en verdad esto da cohesión al amor del hombre y la mujer, llegando así a convertirse en una unión de cuerpo y alma en el amor, una plasmación de esa unión en una sola carne. El que es un ignorante con frecuencia suele ser también un soberbio, y el que es ambas cosas y no trata de remediarlo, tarde o temprano acaba hundiéndose en la charca de inmundicias del desenfreno sexual, olvidando que está demostrada la existencia de un solo y único Dios llamado Santísima Trinidad. Con la llegada de Cristo, por primera vez Dios mismo funda una religión, la única que pone de pie al hombre y lo eleva por encima de todas las depravaciones y degradaciones. Ya sabemos que la homosexualidad es una anomalía, y en algunos casos una perversión, pero es curable; en nuestras manos está ayudarles a integrarse socialmente como personas normales, o, por el contrario, dejar que esta lacra continúe extendiéndose, dañando, con sus consecuencias, a cientos y cientos de personas inocentes, hasta demoler completamente, con todas las enfermedades y abominaciones que acarrea, todas aquellas cosas a las que el ser humano debe su condición de persona. Sí, en nuestras manos está despreciar a esos pobres desdichados no teniendo en cuenta su condición humana, o en cambio respetarles, como personas que son, y ayudarles, y con eso hacer un inmenso favor a toda la humanidad. Si obramos bien, Dios también nos lo agradecerá“.

No, no hace falta que lo leáis entero. Hasta mareo da. Todo esto y más en el siglo XXI. Texto tomado de los foros de Hazteoir, enlace que nos negamos a mostrar, por supuesto.

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