Entonces me subí al escenario que me habían preparado e hice mi mejor repertorio, mis mejores bromas, incluso un chiste que le había oído a Woody Allen, que a su vez se lo había copiado a Groucho Marx. Quiero decir, que desplegué mi artillería pesada. Pero lo que obtuve fue silencio. Bueno, silencio al principio; barullo al final. A nadie, a nadie que estuviera en esa boda le hice gracia, salvo a Alejandro Sanz, pero Alejandro Sanz no paró de reírse en toda la noche, con lo cual no cuenta.

Joaquín Reyes cuenta su surrealista experiencia al actuar en la boda de Paulina Rubio. Hilarante.

Anuncios