Un personaje tarantinesco, inverosímil y espurio como él sólo. El Solitario, ese que ahora gruñe del apodo que los polis le grabaran a fuego, imitando el reniego del Lute, se alza en la cúspide de periodismo estival con triple vuelta de tuerca y reinventando el esperpento de Valle-Inclán. Si la historia se la hubieran encargado a Almodóvar no le habría salido más inaudita. Un españolito medio, vendedor de frigoríficos y de las Rozas, que dice proceder de la mafia marsellesa, amigo del exbatería de Burning, cliente de hermano del ex ministro de defensa, éste a su vez abogado de Rodríguez Menéndez, que roba guitarras eléctricas y las toca, que atraca bancos por aversión al sistema y querencia a España, en defensa de los abusos al “hombre de la calle”, para “liberar al pueblo español”, que no se considera asesino aunque admite que dispara si es en defensa propia, que acusa al ex general Galindo y a Rodríguez Ibarra de encubrir un asesinato, provocando además un comunicado del susodicho. La parodia, como era de esperar, ya es titular de algunas publicaciones, a falta de incendios y espeleólogas veraces. Todo eso y mucho más es el Solitario. Y esperen a septiembre que se les va a caer el pelo.

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