Vuelvo triste de mis habituales vacaciones estivales en Almería, la tierra que vio nacer y crecer a Manolo Escobar. En esta ocasión una de mis visitas turísticas han sido los refugios que se deslizan bajo la capital y que yo desconocía. El pasado año se decidió abrir al público un kilómetro de esta inmensa galería.

Para aquellos que no lo sepan, Almería fue objetivo del acorazado franquista Canarias durante 1936 y de la marina alemana durante 1937, convirtiéndose en campo de pruebas del III Reich junto con Guernica. La ira de Hitler, tras el bombardeo del acorazado Deutschland por aviones republicanos, llevó a los alemanes a elegir Almería como desfogue militar. Sólo esta última incursión provocó más de treinta muertos.

El refugio, el mayor de Europa, superior al de Berlín y Londres, tiene 4,5 kilómetros de longitud y tiene capacidad para 35.000 personas. Se encuentra a nueve metros de profundidad, bajo una capa de roca de medio metro, todo cavado a mano en tiempo record. Fue ejemplo a seguir por los arquitectos europeos, que visitaron el lugar con objeto de crear réplicas durante la segunda guerra mundial.

Lugar imprescindible de peregrinación para aquellos que consideren una realidad y un derecho la conservación de la memoria histórica.

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