Ésta es la bandera española. Tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas. Los colores que implantara Carlos III no son más que eso, colores. Podrán decirnos cómo es nuestra bandera. Podrán decirnos dónde y cuando exhibirlas. Pero nadie nos dirá qué representa. España es un sentimiento hondo e inexpugnable que algunos pretenden cuadricular bajo la nobleza falaz del papel. Esta bandera me representa allá donde vaya, y representa mi orgullo como español. Ser español significa freír con aceite de oliva, saludarse con dos besos y acompañar el atardecer con una cerveza helada en cualquier terraza. Es amar a Kubala, Alonso y Olano. Es desayunar cortado, tostada y prensa. Cenar tarde, fuerte y en familia. Reír a gritos sin que te miren. Ser español es ver una chica desnuda en un escaparate y pasar de largo. Es leer a Góngora sin traducir. Es besar a alguien de tu sexo en la cola del cine. Es caminar por Itálica y poner el culo sobre una baldosa como un romano hiciera hace dos mil años. Es bañarte en pelotas en la playa en pleno marzo. Es disponer de dieciseis semanas parar reponerte de un parto. Ser español es padecer cáncer de próstata en pleno desempleo y vivir para contarlo. Es ser mujer y también vivir para contarlo. Es tener un hijo minusválido y que crezca feliz comprendido e integrado. Es convertirse en ingeniero agrónomo mientras tu padre es labriego. Es entrar en un instituto sin cruzar un detector de metales. Es tener capacidad de decisión sin prejuicios políticos ni religiosos. Es recorrer miles de kilómetros de autovía gratuita para conocer las lenguas, comidas, tradiciones y sentimientos de naciones con vida propia, más antiguas que la palabra España, unidas bajo la protección social, solidaria y económica de un estado eficaz y democrático.

Si todo esto representa, ésta es mi bandera.

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