Cuentan que eran diecisiete vecinas de Grazalema (Cádiz), que tenían entre 20 y 30 años de edad, que las sacaron una noche de sus casas, las llevaron a Los Alamillos y allí, al lado de la carretera, las asesinaron e inmediatamente las enterraron en una fosa. Cuentan que con ellas iban dos niños, hijos de una de las asesinadas. Y cuentan que eso lo hicieron las autoridades franquistas en una fecha comprendida entre 1936 y 1939, en los años de la Guerra Civil. Han pasado mas de 70 años. Entonces, ¿por qué siguen allí los restos de esas mujeres?, ¿por qué nadie se ha atrevido nunca a desenterrarlos y llevarlos por ejemplo al cementerio para que sus familiares puedan visitar sus tumbas y llevarles flores? Miedo y silencio.

La apertura de la fosa de Campobuche, la de Los Alamillos, las de las 17 rosas grazalemenas, no tiene aun fecha pero ya esta anotada en la agenda de actuaciones del Servicio de Recuperación de la Memoria Histórica de la Diputación de Cádiz. Pretende ser una exhumación simbólica, modélica; la primera en la provincia de Cadiz afrontada con el rigor arqueológico con que se está haciendo otras desde hace año en distintas zonas de Espana; e inicio de un programa de recuperació que continuarácon otra fosa también ubicada en el municipio de Grazalema: la que esta localizada en el antiguo cementerio de Benamahoma y que contiene restos de unos 180 vecinos de diferentes pueblos de la Sierra de Cádiz.

Carlos Perales, director de la Delegación de Ciudadanía de la Diputación de Cádiz, está echando a caminar todo ese programa que incluye la creación de una oficina de atención a las víctimas de la Guerra Civil: un lugar en el que cualquier persona que quiera saber qué fue de un familiar pueda obtener ayuda, asistencia legal e investigadora.

El nuevo servicio de la Diputación cuenta con un presupuesto de 90.000 euros. Entre sus proyectos figura también la creación del Aula para la Memoria Histórica, un aula itinerante que llevará información y conferencias de expertos a los institutos de la provincia. Los estudiantes conocerán así qué ocurrió en sus pueblos durante la Guerra Civil y los años de represión que vinieron después: sabran de esas historias sobre las que todavía hoy mucha gente mayor no quiere hablar o si lo hace es a media voz, con un miedo que ya nunca desaparecerá del todo en sus vidas.

Con esos temerosos testimonios orales, poco a poco y con paciencia, ha recopilado el concejal Joaquín Ramón Gómez los datos que permitirán recuperar la historia y los restos de las 17 vecinas de Grazalema que yacen en Los Alamillos. El pueblo no olvidó nunca el lugar exacto en el que fue abierta y luego cerrada la fosa, pero si se fueron borrando fechas precisas, motivos y otros detalles. “¿Por que las mataron? Fue un castigo. Eran mujeres y novias de republicanos; unos ya habían muerto y otros estaban en la zona republicana. La de Los Alamillos es una fosa de castigo”, explica Gómez, alcalde pedaneo de Benamahoma y buen conocedor de la historia de la represión desatada en esa zona.

Hay más fosas en el municipio de Grazalema. Dos en El Boyar, una en Los Asomaderos y otra en la subida al pinsapar por Benamahoma, en la Esquina del Tajo. En el cementerio de Grazalema hay una más como la del antiguo camposanto de Benamahoma: ahí estarán los restos de otros cien fusilados.

Tras la exhumación de las 17 rosas de Grazalema vendrá la de los enterrados en el antiguo cementerio de Benamahoma. Y después, de acuerdo con el programa de Diputación, la construcción en ese lugar de un Parque de la Memoria Histórica: un espacio para recordar con monolitos y placas a todos aquellos que acabaron en esa fosa común y para homenajear a las victimas de la Guerra Civil.

La siguiente en la lista es la Fosa Marrufo, en Puerto Galis. Allí están enterradas unas 300 personas. Eran vecinos de Ubrique, Jimena, Alcalá y quizás de Cortes. El lugar, como en Los Alamillos, está perfectamente localizado. Pese al miedo y al silencio.

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