En pleno silencio de madrugada, el timbre de un teléfono ruge como la sirena del Queen Mary antes de abandonar Southampton. El de Mariano suena a bote hundido, a cascajo intermitente, pero igual de perverso. De un zarpazo arranca el aparato de la mesa, maldiciendo entre dientes.
–Diga.
–¿Mariano?
–Al aparato, diga.
–Soy Adolfo.
Se frota los ojos, perplejo. Enciende una lámpara y se incorpora. No sabe qué decir. A decir verdad, era la última persona de la que hubiera esperado una llamada. Le dan ganas de volver a colgar, pero está de campaña y tiene que ser amable.
–Joder, Adolfo. Cuánto tiempo. ¿Qué haces llamando a estas horas? ¿Te ha ocurrido algo?
–Nada bueno, Mariano. De mi hijo no saco carrera, la corona española peligra, el centro ha desaparecido definitivamente y la actual oposición es de pena. No puedo conciliar el sueño, así que te he llamado para desvelarte y que te solidarices conmigo, ya que en parte eres responsable de todo esto.
–Te comprendo y aprecio –miente Mariano–, pero también podrías joder el sueño al presidente. Él también tiene algo de culpa.
–¿Y con quién crees que he estado hablando las últimas tres horas? Al final he tenido que colgarle. Ese hombre habla tan despacio que el coste euro/palabra no me sale a cuenta. Es más barato llamarte a ti.
–Pues ya que gastas dame algún consejo, que la campaña está muy crispada. Y José Luis dice que la quiere tensionar más.
–Haz propuestas inteligentes para solucionar problemas reales, como las que hice con el CDS. Quita la mili, bájate el sueldo, prohíbe los guiones de Mariano Ozores, indemniza a los de la colza, ficha a Mario Conde.
–Oye, que la mili la quitó Aznar hace mucho tiempo.
–Pues reinstáurala de nuevo y di que es una conquista del pueblo.
Mariano se despega el auricular de la oreja y lo mira extrañado. Negro, brillante y redondo. Hace años que no ve algo igual. Se lo vuelve a pegar a la oreja y alza la voz.
–Pero ¿tú no estabas enfermo, no sufrías algún tipo de demencia?
–Pues claro que sí. ¿Acaso crees que te iba a llamar en realidad? Esto es un jodido sueño. Le has callado la boca a Aznar para no seguir perdiendo intención de voto. Me manda tu conciencia. Los ex presidentes se ayudan mucho entre sí. Ya lo verás cuando seas uno.
–Pues no tengo ganas de seguir hablando con un sueño. Mañana tengo mucho trabajo.
–No te molesto más, Mariano. Te dejo, que tengo un billar con Felipe. Saluda a los niños.

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