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Al contemplar al pie de las magníficas carreteras socialistas que surcan los llanos del Guadalquivir estos espantosos carteles de propaganda electoral, mi ego de sureño incomprendido se desconcierta aún más en esta España de los nacionalismos. A veces me hacían hasta gracia. Ahora no quiero ni oír hablar del nacionalismo andaluz.

Para mayor desgracia, todo va acompañado de una pre-pre-campaña regada de grandes carteles con huellas de colores y YOVOYs a mansalva. Lo miro y pienso, absorto, ¿es así de horrible o guarda cierto ingenio propagandístico? Antes de que juzguen, les pongo en sintonía. Julián Álvarez, el gordito que hace la V, ex-alcalde de Écija, al quien no lo conoce ni la madre que lo parió, es secretario general del Partido Andalucista y lidera la lista por autonómicas de Coalición Andalucista, que no es más que un refrito de minoritarios partidos nacionalistas andaluces. También forma parte de la a coalición el Partido Socialista de Andalucía, fundado por Pedro Pacheco, ex-alcalde de Jerez. A ese sí que lo conocen bien todos. Sobre todo los moteros españoles que se bajan al sur en mayo para hacer el cafre y armar ruido. Pues eso. Pedro funda PSA en 1976, que luego se convierte en Partido Andalucista en 1984. Como a Pedro no le caen en gracia los pactos sevillanos, crea en 1993 su propia marca: Partido Andaluz de Progreso. Luego se fusiona con el anterior para las elecciones de 1994. Vuelve a escindirse en 2001 adoptando las siglas originales: PSA. Como colofón final, vuelve a hacer coalición con PA en estas elecciones. Para que luego digan que el laberinto español es cosa de vascos y catalanes.

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