Multitud de voces en todo el mundo reclaman el boicot a las Olimpiadas de Pekín. La insurgencia tibetana se hace notar. ¿Necesita China un boicot o un Olimpiada? No se sabe cuál de las dos cosas traerá antes la libertad real a este país. La verdad es que los antecedentes son numerosos, aunque nunca llegó la sangre al río. El boicot a Pekín quedará, seguramente, en una simple anécdota. Por motivos de derechos humanos, el boicot más importante que se recuerda, y fue de risa, fue el llevado a cabo contra el mundial de Argentina 78.

Argentina obtuvo el apoyo de la FIFA en plena dictadura, con miles de desaparecidos a sus espaldas y una represión brutal contra la oposición al gobierno. Johan Cruyff y Paul Breitner se negaron a participar y el equipo de Holanda negó el saludo a los líderes políticos durante la recogida de medallas.

También es sonado el boicot de USA y URSS a las olimpiadas de sus respectivos enemigos durante la guerra fría. Moscú 80 y Los Ángeles 84. Evidentemente este boicot no tuvo ninguna relación con los derechos humanos (si no consideramos violación de los derechos humanos la invasión de Afganistán por la URSS). Muchos países se vieron arrastrados en este boicot. En 1980 se abstuvieron 65 estados alineados con USA y en 1984 se abstuvieron 14 estados del bloque socialista. España se vio beneficiada en Los Ángeles, consiguiendo la medalla de plata en baloncesto. La ausencia de los países comunistas fue crucial.