Primero fue el Ministerio de la Guerra. Después, el del Ejército. Con la democracia se llamó Defensa y, a este paso orwelliano, donde las víctimas inocentes son daños colaterales, acabará siendo el Ministerio de la Paz. También se puede ver desde el lado bueno, desde los ojos de Crátilo. Si el nombre es arquetipo de la cosa, es un avance que de la guerra hayamos pasado a la defensa, aunque sólo sea porque la sociedad ya no tolera las guerras ni en los nombres de los ministerios. Con todo, hay quien parece que las añora.

De entre las críticas más estúpidas que ha tenido que soportar Carme Chacón esta semana, sorprende la de aquellos que la cuestionan por pacifista, como si en lugar de palomas necesitásemos halcones al frente del Ejército. Puede que Chacón, hasta hace una semana, no supiese distinguir por los galones a un general de un coronel (yo no sabría). Pero sólo los que consideran que llamar al mando de las tropas “Defensa” en lugar de “Guerra” es un eufemismo y no una realidad pueden sentirse indignados por ello. ¿Es un impedimento para ser ministra de Defensa estar embaraza de siete meses? Claro que no. A una mujer, a dos meses de dar a luz, el valor se le supone.

Fantástico artículo de Nacho Escolar este domingo.

Para quien no le suene la expresión, “valor, se le supone” es una de las calificaciones finales que rezaban en las cartillas del servicio militar hasta hace pocos años.

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