Puerto Real, en la provincia de Cádiz, es una laguna roja y extensa entre cienos de ultraderecha. La caverna se extiende de El Puerto de Santa María a Cádiz, pasando por San Fernando y Chiclana. Pero en Puerto Real sólo sobrevive un concejal popular. Antonio Barroso se erige como pequeño salvapatrias de una localidad poco agraciada pero de tesón inquebrantable. Barroso, desde 1979, es el único alcalde de pueblo que ocupa las portadas nacionales cada varias semanas. La última es su alabanza en la mismísima Habana hacia la democracia cubana. Barroso tiene tras de sí un pueblo que sonríe e imita su histrionismo. Quizá se equivocan, pero no menos que sus vecinos encorbatados. Ay, Bush, no cojas nunca coquinas por las marismas puertorealeñas, o puedes acabar con la popa amandrilada.

Grafitti del Paseo Marítimo de Puerto Real, junto al ayuntamiento.

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