Esto es lo que ocurre cuando caminas tan tranquilo por un polígono industrial en busca del ladrillo perdido y miras hacia arriba demasiado. Más que una suerte de anuncios coincidentes parece un requisito de ingreso en el club. Pase usted por el quirófano, plánchese las patas de gallo y luego vuelva para cepillarse a mi señora. Cuando lo cuento nos echamos unas risas y va uno y dice que el cartel es viejo y que el club ya lo han cerrado. Atrasado que voy, oyes.

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