Hace más de un año hablábamos del decenio de la muerte en España en lo que a transporte aéreo civil se refiere. De 1976 a 1985 hubo seis accidentes de aviación con resultados fatídicos. En especial recordamos el de Los Rodeos, en Tenerife, con 583 fallecidos y dos de Barajas, en 1985, con un mes de diferencia y 274 fallecidos en total. Jamás se volvió a repetir un tragedia similar. Aquello nos sonaba a ciencia ficción. Los accidentes aéreos en reactores eran cosa del pasado. Pero han transcurrido 25 años desde aquel fatídico día y ha vuelto a repetirse. Todavía nos preguntamos cómo es posible que el medio de trasporte más seguro del mundo dé al traste con todos sus procedimientos, guías, profesionales, cursos, gps, radiobalizas y mierdas. Lo único que podemos decir de todo esto es que en la era del jodido Airbus 320, en la era de las autopistas de la información, de la automatización, de la fibra y los materiales compuestos, de las seguridad hecha máquina, no es admisible que el cielo esté plagado de Boeings y Douglas de hace dos décadas.

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