Cine


Me da igual hacer de Franco que de Monchito.

Manuel Aleixandre. Actor.

De estas veces que nadie se explica cómo un universo tan venerado por el metafriquismo no ha sido llevado antes al cine para ganar unas pelas. Quizá porque se nos antoja imposible de materializar, como ocurriera en tiempos con Tolkien. Un director desconocido se adelanta a Guillermo De Toro, quien lleva años preparando En las montañas de la locura.

En los cines no hay piquetes, así que aprovechen para ver la última película del director más sugerente, y malinterpretado, de los últimos años.

Que sí, que hace dos años nos decepcionó un poco (más por el desarrollo que por el planteamiento, que es tan brillante como el del resto de sus películas), pero aún así asomar la cabeza por su universo personal es algo siempre estimulante y recomendable.

Desaconsejable para los que siguen pensando que “Señales” es una película de extraterrestes.

Los seguidores de Indiana prefieren no saber detalles. Tomamos precauciones similares a las del Proyecto Manhattan. No le dimos el guión ni al equipo técnico. Tenían que leerlo en la habitación contigua a mi despacho. Ni a los agentes o a los actores. A los protagonistas les enviamos el libreto para que lo leyeran mientras un mensajero esperaba en su puerta para devolverlo en cuanto acabaran. Aun así, nos robaron 4.000 fotografías que hubieran desvelado la trama. Cuando el culpable contactó con una web, ésta no quiso tamaña responsabilidad y avisó al FBI. El responsable está ahora en la cárcel. Yo soy blando, pero con George no se juega.

Steven Spilberg, en El País.

[…] Y maldiciendo continuamente la incomodidad y vetustez de la mayoría de los cines, la imagen desenfocada, el sonido inaudible o excesivo, las copias en estado lamentable, las restricciones con la calefacción y la refrigeración glacial, la masticación palomitera que puede provocar un ataque de nervios, las hostias que te amenazan en la oscuridad por la mezquina ausencia de acomodadores, la certidumbre de que los fenicios no han cuidado a su clientela, que la gallina de los huevos de oro se extinguió por la codicia de los dueños de la granja, a pesar de tantas miserias constatables, yo siento una angustia apocalíptica ante la extinción de la forma irreemplazable de ver el cine. En soledad o en compañía, en la primera sesión o en la madrugada. Esa droga dura no admite adulteraciones.

Carlos Boyero reivindica brillantemente en elpais.com uno de los últimos placeres legales que nos quedan.

Qué bien nos hubiera venido que estos valientes defensores de la PAZ, que se “arriesgan” a apoyar al que manda, se hubieran dado una vuelta por el País Vasco cada vez que había un atentado; más que nada para acompañar a las víctimas en su dolor y ayudarles con su solidaridad activa a defender la alegría. Qué bien nos vendría, ahora incluso, que se acercaran a esos pueblos del País Vasco en los que los ciudadanos constitucionalistas siguen sin poder hablar sin miedo; qué bien nos hubiera venido que se manifestaran con nosotros, defendiendo la alegría, cada vez que decíamos ETA NO.

Rosa Díez se desahoga a gusto en su blog, convencida de que una pataleta de socialista arrepentida le regale un puñadín de votos. Nos permitimos el lujo de tirar de hemeroteca y recordarle aquella edición de los los Premios Goya de 2004, donde Cayetana Guillén Cuervo alzó sus manos blancas contra ETA y la Academia de Cine hizo público un comunicado en el que manifiestaba : “NO al terrorismo, NO a ETA, NO a la guerra, NO a la tortura, NO a la pena de muerte, NO a los malos tratos, NO a la manipulación, NO a la coacción, NO a la censura, NO al hambre, NO a la injusticia, NO a la miseria”.

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‘Senderos de Gloria’, el filme que Stanley Kubrick realizó con sólo 28 años, cumple este 25 de diciembre 50 años, pero la obra no ha envejecido y sigue alimentando debates sobre su mensaje que muchos consideran anti-belicista y otros una denuncia de ciertos comportamientos humanos.

El filme se desarrolla en una época y un contexto muy definidos, durante la Gran Guerra en el frente francés de Verdun, y muestra con implacable realismo el horror de las trincheras y la crueldad de una contienda llevada -por primera vez en la historia- con medios modernos, pero con mentalidad feudal. Pero el film va más allá de aquel momento histórico, e incluso de la crítica anti-belicista u anti-militarista.

El propio Kubrick explicó en una entrevista con el ‘New York Times’ en 1958 que para él “el soldado es fascinante porque todas las circunstancias que lo rodean están cargadas de cierta histeria. Pese a todo su horror, la guerra es un drama en estado puro pues es una de las pocas situaciones en las que los hombres pueden alzarse y defender los principios que consideran suyos”.

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